En todo caso, el alumno siempre está en relación dialéctica con el medio donde vive y es el entorno sociocultural el que facilita en él un contexto narrativo socio-verbal concreto. Es ese contexto el que especifica las explicaciones, valores y formas de control que uno ha aprendido acerca de sus sentimientos, pensamiento y demás eventos psicológicos (Luciano, 2017). Se trata de ideas, creencias y conocimientos que uno tiene sobre su propia forma de actuar, incluyendo su comportamiento problemático y siempre representa la cultura psicológica que uno ha aprehendido de acuerdo con el entorno sociocultural en el que se ha socializado (Luciano, Gómez, Valdivia, 2002).Y es desde este planteamiento como se justifica plenamente que abordar los problemas graves de conducta en el alumnado supone modificar  los contextos en los que la problemática ocurre; por un lado, en el contexto socio-verbal de uno respecto a si mismo, tomando autodistancia, y por otro, un cambio en el entorno social a partir de nuevas experiencias, acciones y reacciones, ya que ambos contextos se suponen mutuamente.

 La cuestión es crear contextos verbales y entornos sociales como condición para el cambio de la funcionalidad de esos comportamientos y donde cobra especial importancia el papel mediador del lenguaje. Dado que, obviamente, el lenguaje está presente en todo intercambio humano, toda intervención que se precie debería empezar por los enmarques de referencia, las actitudes o las mentalidades para así cambiar los actos y finalmente la funcionalidad de nuevas conductas. El lenguaje estructura la manera de hablar y así de entender el mundo; organiza la manera de ver las cosas (las ideas) y regula la postura adoptada respecto de ellas (las actitudes), de ahí su papel en todo proceso de cambio (Pérez Álvarez, 2012).

Las problemáticas graves de conducta deberían ser consideradas como problemas contextuales, como situaciones donde el alumnado está  y no como patologías, y en este caso, tal vez sería más sensato hablar de razones que no de causas. La idea no sería tanto buscar las causas como comprender las razones por las que un alumno acaba desarrollando y manteniendo una problemática de conducta. No habría mecanismos defectuosos dentro de uno, sino circunstancias de la vida a las que uno responde con más o menos éxito.

Hayes, S.C.; Brownstein, A. (1986). Mentalism, behavior-behavior relations, and a behavior analytic view of the purposes of science. The Behavior Analyst, 9, 175-190. https://doi.org/10.1007/BF03391944

Luciano, M.C. (2017). The Self and Responding to the Own’s Behavior. Implications of Coherence and Hierarchical Framing. Revista Internacional de Psicología y de Terapia Psicológica, 3, 267-275.

Luciano, M.C.; Gómez, I.; Valdivia (2002). Consideraciones acerca del desarrollo de la personalidad desde un marco funcional-contextual. Revista Internacional de Psicología y de Terapia Psicológica, 2, 173-197.

Pérez Álvarez, M. (2012). La conducta de las operaciones mentales (apuntes críticos y reconstructivos). Apuntes de Psicología, 30 (1-3), 63-68. https://hdl.handle.net/11441/84645

. dConducta