Aunque los profesionales de la orientación son los principales hacedores de los diagnósticos, no son los únicos agentes, ni siquiera los primeros. La  clasificación y etiquetaje empieza en las aulas y la familia. Típicamente, niños señalados en las aulas son remitidos para su evaluación psicopedagógica de la que salen con un diagnóstico y una determinada propuesta de respuesta educativa. Los padres y profesores refieren los problemas del alumno por los que están allí y el orientador (con el Anexo II del Protocolo en mano o en mente) pregunta para confirmar que se reúnan una serie de síntomas hasta confirmar: el alumno tiene tal condición o trastorno. Pero lo cierto es que esas conductas existen y son observables. El alumno es a partir de ahora observado y definido por las conductas que conforman su trastorno o condición. Todo lo demás, otras conductas, circunstancias, contextos, biografía, quedan fuera de cuadro. El orientador cree haber descrito una realidad objetiva, pero también la ha creado de esa manera, al seleccionar unas conductas en detrimento de otras , elevándolas a la categoría de síntomas de un supuesto trastorno o condición convencionalmente asumido y elaborado bajo el consenso de un grupo de profesionales.

 La etiqueta una vez asignada funciona como una categoría a priori del entendimiento del problema por parte del orientador, quien a través de sus acciones y explicaciones de lo que le ocurre al alumno (re)influye en el entendimiento que del problema hacen el profesorado y la familia, que terminan por adoptar las explicaciones y definiciones ofrecidas. Dado que la propia escuela profesa una concepción de estos problemas marcadamente biomédica, facilita que el profesorado y demás personal escolar conciban su papel como una extensión del mundo clínico, buscando adquirir, en el mejor de los casos, conocimiento de este tipo de trastornos, en vez de promover una pedagogía consistente con una educación inclusiva, a lo que contribuye la formación inicial marcadamente biomédica que reciben los profesionales de educación especial y el propio diseño de los cursos de formación propuestos desde los Centros del Profesorado.

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