Así, diferencias individuales se convierten en un trastorno o condición, clasificados en categorías diagnósticas teniendo como finalidad servir como una forma institucionalizada de canalizar problemas escolares y sociales y el sufrimiento que implican, neutralizando los problemas como si fueran naturales, recortándolos del contexto escolar y familiar. El Protocolo cumple así una función ideológica, consistente en abordar los problemas desde una respuesta educativa que mimetiza el modelo clínico y justifica administrativamente la dotación de recursos.
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