La noción de “mejores prácticas” (y sus derivados) implica así un circuito de retroalimentación entre investigadores y profesionales, donde cualquier problemática que se da en el contexto educativo se ve ahora como un problema al que hay que aplicar la mejor práctica, en una especie de fundamentalismo tecnológico, donde las supuestas mejores prácticas solo se pueden disputar en términos de prácticas aún mejores, no mediante la contrastación de lo que promulgan. Los centros educativos adoptan así un enfoque terapéutico de la educación, ampliando sus funciones y número de servicios: orientadores, médicos, trabajadores sociales, enfermeros, coordinadores de bienestar, asesores de formación… que facilitan la “formación/concienciación” del profesorado para que entiendan que los problemas emocionales se encuentran en la raíz de los problemas de conducta y el bajo rendimiento del alumnado, y al igual que cualquier empresa, que nunca rechazaría la perspectiva del crecimiento exponencial, al ir atendiendo progresivamente a más alumnado con problemas normales bajo la dinámica de la necesidades educativas específicas de apoyo educativo, están fabricando más necesidades de las nunca puedan llegar a atender.

 Estas dinámicas se apoyan en el uso abusivo de modelos clínicos y términos psicológicos para describir y tratar de solucionar problemas educativos/sociales como si fueran propios de los alumnos, fruto de presuntas alteraciones mentales o neurocognitivas o algo así, pero que no dejan de tener raíces y dimensiones sociales, interpersonales y culturales, ligadas a situaciones y formas de vida (González-Pardo; Pérez-Álvarez, 2007). Términos y expresiones como: autoestima, función ejecutiva, pensar en positivo, resiliencia, neurodiversidad; unida a toda la jerga diagnóstica (ansiedad, depresión, tdah, espectro…) son muy frecuentes. Y por supuesto, en ese crecimiento imparable, ya no se busca solamente atender necesidades educativas a partir de estar mal, sino de mejorar el bienestar mediante programas de psicología positiva, el coaching, el mindfulness, la inteligencia emocional y la literatura de autoayuda.

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