Desbordados por la información y rapidez de las redes, que les lleva de un contenido al otro, poco a poco se produce una disminución progresiva de la capacidad de atención y, con ella, la imposibilidad del aprendizaje (que necesita de representación y de tiempo para establecerse) y, por otro, a la disminución de la capacidad narrativa; la dificultad de establecer un relato con sentido sobre sí mismo, que previamente se tiene que haber aprendido mediante el diálogo con otros en la conversación presencial, para llegar posteriormente a un diálogo consigo mismo.
Los efectos sobre la salud mental de esta forma de socialización son enormes, pues los convierte en alumnos irreflexivos y acríticos, que sufren problemas y malestares que solo pueden expresar en síntomas, sin saber cómo relacionarlos con sus experiencias y biografía.
Por último y para complicarlo aún más, los alumnos y sus familias buscan una explicación a lo que les pasa y acuden a los profesionales, orientadores y clínicos, no por problemas de la vida, sino con síntomas ya definidos en censos y/o clínicamente y así descubren el diagnóstico. El diagnóstico, con sus criterios de síntomas, da la forma que de hecho toman los problemas de los alumnos y llega a convertirse en el modo de ver, entender y atender sus malestares, alejado del contexto personal (modo de estar-en-el-mundo) y social (situación, circunstancias) y los reformula como síntomas de una presunta enfermedad mental o cerebral mediante la que obtener recursos.
Este modelo ha conseguido vender con éxito a toda una generación, que un gran número de ellos están enfermos y los adolescentes de hoy en día se identifican tan profundamente con estos diagnósticos, que llegan a mostrarlos en sus perfiles de las redes sociales.
Sin embargo, los alumnos no tienen un manojo de síntomas, ni problemas con la neuroquímica cerebral, sino formas diferentes de estar-en-el mundo profundamente conectadas con los valores y la visión del mundo que les estamos dando, en su crianza y educación y ... el malestar es el destino.
Byung-Chul, H. (2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.
Illoz, E. (2019). Capitalismo, consumo y autenticidad: Las emociones como mercancía. Madrid: Katz Editores.
Ricoeur, P. (1996). Si mismo como otro. Madrid: Siglo XXI.
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